La cerámica de la juguetería Cuevas de Sevilla.

Nov 21, 2018 | 1 Comentario

La juguetería F. Cuevas abrió sus puertas en la céntrica Plaza de la Falange Española en la Sevilla de 1954, de la mano de su fundador Francisco Cuevas. El propietario decidió dotar al espacio de un aspecto moderno y acorde con lo que se le ofrecería al público infantil, encargando este cometido interiorista al por entonces joven y emergente ceramista Emilio García Ortiz (Sevilla, 1929 – Ibídem, 2013).

Quizás aún fuese demasiado pronto para que quedase reflejado en el proyecto la marca del que terminaría siendo su estilo más personal y significativo, caracterizado por la decidida apuesta por las composiciones abstractas. No obstante, en él ya se apreciaba un afán por romper con los esquemas tradicionalmente impuestos a favor de la inclusión de nuevos repertorios más cercanos a las corrientes contemporáneas.

Para ello, desarrolló el recubrimiento de las dos columnas que escoltaban el frente del escaparate, a través de un programa decorativo cerámico de atrevida estética. Las alusiones a las diferentes secciones de ocio a las que la empresa se dedicaba quedaron claras: juguetes, juegos de mesa y deportes. Así, podemos encontrar en torno a la superficie de su cilindro relieves de naipes, dados, ábacos, fichas, ruletas, raquetas, anillos olímpicos o piezas de ajedrez. Junto con la presencia de perfiles femeninos recostados, ondulaciones, árboles o soles, e inscripciones en las que se puede leer las palabras golf, tennis o foot-ball. Quedando todos los componentes enmarcados en ribetes azules sobre fondo terroso, aplicando las lozas de estas últimas con la técnica del trencadís y dotando a todo el conjunto de un juego visual de cierta evocación a la superficie terrestre salpicada por lagunas.

Elementos que tienen el privilegio de haber visto pasar frente a ellos al menos tres generaciones de sevillanos, como únicos testigos mudos e impasibles desde que iniciara su andadura el negocio. Desempeñando la función de pilares literales del mismo en sus ya casi 65 años de trayectoria.

A Francisco Cuevas le sucedió su hijo, Rafael Cuevas, transformando el comercio de juguetería tradicional a juguetería tecnológica, dando cabida a la oferta del modelismo por primera vez en Sevilla. Oferta vigente hasta nuestros días bajo la dirección de su hijo, Manuel Cuevas. El cual, según informó a finales del mes de octubre, pasará también a ser el último; debido a que a partir del próximo Día de Reyes la tienda física será clausurada para pasar a existir exclusivamente como tienda online.

La familia Cuevas puede presumir de haber sabido mantener durante todas estas décadas un apartado infravalorado y desprotegido en el ámbito patrimonial de muchas de nuestras ciudades, la de los interesantes diseños de interiores y exteriores comerciales. Acompañados en muchos casos, en buena parte del siglo XX, no sólo por una voluntad funcional sino también artística, como suplemento de su reclamo de cara al público. Sumar esta pérdida a la extensa nómina de los ya desaparecidos sería de lamentar, por la cada vez más escasa representación de ellos en nuestras calles. Siendo además, en el caso que nos ocupa merecedor de ser conservado por sí mismo, aparte de por su valoración escaparatista, al ser una manifestación tangible del deseo de renovación en los repertorios artísticos surgidos en torno al meridiano de la centuria pasada en suelo andaluz, y que demuestra a su vez que la cerámica no fue ajena a esta práctica.

Tras la clausura del negocio actual se procederá a iniciar los preparativos para la reforma de su interior con el objetivo de adaptarlo a su nuevo uso, manteniendo la propiedad del local pero arrendándolo. Por fortuna, según ha asegurado el propio Manuel Cuevas, las columnas se conservarán, ya que ha sido precisamente la única condición que ha impuesto a los interesados que se quieran hacer cargo de la gestión de la nueva empresa en su parcela. Sin embargo, al no ajustarse con el diseño planteado para la misma, consecuentemente pasarán a ser recubiertas con una nueva estructura que impedirá su visualización futura.

En resumidas cuentas, a partir del año que viene, dejarán de ser visibles al público hasta nuevo aviso. Por lo que animamos desde la Asociación Niculoso Pisano a todos los interesados por los asuntos patrimoniales a apreciar estas curiosas y desconocidas piezas artísticas, en el número 16 de la Plaza de San Francisco, antes de que queden selladas bajo su particular cápsula del tiempo.

Álvaro Sáenz Rodríguez.

Fotografías en el texto tomadas de la web de la empresa. Resto de fotografías del autor del artículo.

NOTA: En breve publicaremos un reportaje gráfico más extenso y detallado de estas obras.

GALERÍA FOTOGRÁFICA