La cerámica en Utrera a lo largo de la historia

La cerámica de Utrera a lo largo de la Historia

Presentación

Es una tarea importante y, a la vez, compleja, afrontar un trabajo para exponer gráfica y digitalmente el patrimonio cerámico de una localidad.

Nuestro objetivo principal es el de elaborar un INVENTARIO documentado que permita disponer de una CATÁLOGO de piezas cerámicas organizadas en función de su calidad artística, de su interés histórico y etnográfico y de su importancia social, cultural y religiosa.

Este catálogo formará parte de la documentación que la administración pública competente (en este caso el Excmo. Ayuntamiento de Utrera) utilice para asignar a las piezas el nivel de protección que le corresponda (BIC), preservándolas para el futuro.

El otro gran objetivo será el educativo/comunicativo. Cuanto más se conoce el patrimonio cerámico de la ciudad, más se APRECIA y se RESPETA. En la medida en que se ponga a disposición de la ciudadanía, se estará dando a conocer y poniendo en valor todo el proceso de creación de las artes cerámicas, cada vez más en peligro de perderse.

Nuestro trabajo consistirá, pues, en localizar, documentar, inventariar, mostrar, divulgar y enseñar la riqueza patrimonial cerámica de una ciudad como Utrera, que goza de un patrimonio cultural, histórico y artístico importante.

UTRERA, ciudad cercana a  Sevilla, conserva un rico patrimonio artístico acumulado a lo largo de los siglos, durante los cuales, tanto la Iglesia como la burguesía local (industrial, agrícola y ganadera), han ido dotando a sus viviendas, a sus centros de culto (iglesias, capillas), a sus instituciones asistenciales (asilos, hospitales) y a los espacios culturales (casinos, ateneos) de elementos cerámicos, principalmente de azulejería aplicada a la arquitectura con un carácter de protección del propio edificio y en gran parte, también decorativo.

En este contexto, entre los edificios con actividad religiosa hay que hacer especial mención a las diferentes capillas donde se veneran los titulares de Hermandades de Penitencia, Gloria o Sacramentales. Casi todas ellas han tenido el acierto y el gusto de incorporar en las últimas décadas reproducciones en cerámica de sus titulares, para acercarlos a los fieles. También existe una interesante muestra de azulejería devocional en las calles de la ciudad, no sin alguna polémica sobre su colocación en zonas o edificios de especial protección. Este es el caso del Viacrucis colocado en la zona histórica.

Pero también existe un rico patrimonio cerámico en el extrarradio del casco urbano, disperso por todo el término municipal, en los cortijos y en las haciendas, digno de conocer y proteger.

La representación de la Virgen de Consolación en la azulejería es uno de los elementos más significativos, siendo muchos los retablos devocionales que se encuentran en fachadas e interiores de viviendas, algunos ejecutados hace más de tres siglos.

Con ilusión, iniciamos este proyecto que se irá enriqueciendo con el tiempo a medida que vayamos descubriendo y documentando nuevas piezas.

LA CERÁMICA EN UTRERA: UNA ACTIVIDAD MILENARIA

Jesús Mena García

La cerámica utrerana en la Prehistoria y la Antigüedad

Con el asentamiento de las primeras sociedades humanas en este entorno, localizado en la zona de la campiña sevillana del Bajo Guadalquivir, emergerían ya las primeras muestras del trabajo del barro, y su prominente producción cerámica. Yacimientos de época Calcolítica y de la revolucionaria Edad del Bronce, como el Casar, testimonian la presencia de agrupaciones poblacionales entorno al municipio, y con ello, de diferentes útiles cerámicos que dan constancia de su avance social, cultural y antropológico. En su mayoría, se concentraban en una tipología sencilla, predominando las tinajas, cuencos o urnas, de disposición globular y franjas, usados como ajuar funerario para el viaje eterno hacia el otro lado. La técnica de la cremación, demandada sobre todo en época íbera y turdetana, envolvería esta práctica de una naturaleza más escatológica, que encontraría su punto álgido con la llegada del Imperio Romano.

Será durante este periodo cuando se produzca una etapa floreciente del trabajo del barro en estas tierras. El surgir de Siarum, Salpensa y Urgia, debido a su estratégica localización fundacional, trajo consigo el poder trabajar el barro y la arcilla de una forma identitaria, puesta de manifiesto en los famosos elementos cerámicos de color rojizo, conocidos popularmente como “terra sigilata”. Su existencia en recónditos lugares pertenecientes a los antiguos dominios romanos para la exportación del aceite, expone el valor que esta tuvo en todo el periodo de romanización, convirtiéndose por tanto en uno de los motores fundamentales para el comercio peninsular. Los vestigios halladas entorno a los últimos compases de la antigüedad son numerosos. Estos van desde tinajas, vasos, jarros…a elaboraciones más complejas, tanto en su técnica y plástica, como en su aplicación. Así queda expuesto en la máscara teatral hallada en un yacimiento funerario situado en el que, comúnmente, se ha venido llamando como “El Olivar Alto”. Realizada en terracota, es una pieza que se data entre los siglos II-I a.C. usado, con una función escatológica, consecuencia del posible sincretismo con las anteriores culturas autóctonas. Su significado sigue siendo un auténtico misterio, relacionándola distintos arqueólogos e historiadores como un atributo que facilite la protección y asegure el paso al otro mundo. Es en su plástica donde realmente se aprecian detalles que exponen el avance del trabajo del modelado en barro, así como en el concepto antropomorfo aplicado a este. Un naturalismo, de posible herencia helenística, asoma en esa mirada doliente y compungida, recordando la visión dramática de la vida.

Máscara de actor, terracota, yacimiento del Olivar Alto de la ciudad de Utrera (siglo I d.C.)

La Edad Media, un periodo desconocido de la cerámica de Utrera

Los tumultuosos cambios presentes en estos parajes durante la Edad Media, tendrían como consecuencia una pérdida casi total de parte de los elementos patrimoniales que lo definían, entre ellos, la cerámica. El triunfo del cristianismo (siglo IV d.C.) traería consigo una nueva concepción en los productos de barro, patentes en los pocos fragmentos que se han podido localizar en las intervenciones arqueológicas que han tenido lugar en los suelos perimetrales del entorno urbano. La consecuencia de lo reducida cuenta de ellos, es debida a la inminente ocupación islámica (año 711), provocando una imposición de sus costumbres, tradiciones y formas de vida. Estos quedan reducidos a vasos, alcadafes, galbos de redoma y jarra, en un estado de conservación inadecuado e incompletos. Pese a ello, también cabe la pena mencionar algunas piezas ornamentadas con el crismón cristiano, presagiando la relevancia que este entorno tuvo durante el transcurrir paleocristiano.

Con la Reconquista (siglo XII-XIII), Utrera volverá a ser fiel a la religión cristiana y, con ello, a promover de nuevo una gestión socio cultural propia de esta fe. La huella musulmana, honda en el ideal de la Península Ibérica, y de forma mas radical en lo que fue Al-Ándalus, se mantendría perenne en mucha de sus tradiciones y actividades del día a día, entre ellas, en el gremio de la alfarería. Demostrado queda en ese nuevo estilo que empieza a fraguarse en los últimos momentos del periodo Gótico y, que emergerá con fuerza durante la centuria siguiente, como lo fue el mudéjar.

La modernidad y el resurgir de la cerámica de Utrera (siglos XV-XVI)

Con la “carta de privilegio” obtenida por la antigua alcaicería utrerana en el siglo XIV, también se favorecería el resurgir de sus dominios, así como a una privilegiada producción agropecuario que emulsionaría en un ominoso patrimonio artístico. Dicho fenómeno quedaría patente en las numerosas fundaciones religiosas que durante esta centuria y la siguiente se erigiesen, dotándose a su vez de un amplio aparato ornamental, que envolvían sus paramentos y muros desnudos. La presencia del arte mudéjar sería una constante en este tipo de construcciones, adquiriendo una piel decorativa en la que el azulejo, de herencia islámica, será uno de sus principales protagonistas. Será con la resurrección y auge del reino de Castilla, acentuado sobre todo durante el reinado de los Católicos, cuando volveremos a ver algunas de las más importantes muestras y ejemplos de cerámica en esta villa. La mayor parte de ella, sería procedente de la famosa producción cerámica de Triana, principal motor en lo que se refiere en el trabajo del barro en la provincia. La presencia del denominado “alicatado” cerámico sería recogido por los distintos edificios religiosos que constituían el tejido urbano moderno de la villa de Utrera. Es así como llega hasta nosotros la importancia que el azulejo tendría en fundaciones conventuales, sede de las principales órdenes del momento. Cierto es que no es numerosa las piezas que han llegado hasta nuestros días, aunque son varios aún los ejemplos que a duras penas se mantienen.

Así se detalla con las series de azulejos de aristas esmaltados que engalanaban el antiguo convento de Santa Clara, hoy en ruinas. Estas ricas composiciones siguen aplicando un cromatismo, ahora apagado, y ritmo ornamental al edificio, que permite al menos, hacernos una idea de como pudo ser en sus orígenes. De la misma tipología se localizan en el santuario de Ntra. Sra. de Consolación y, más recientemente, los descubiertos en la cruz santiagueña hallada en el Niño Perdido, antigua judería, como bien testifica su gran sinagoga. Cabe la pena mencionar la riqueza de su iconografía, superando la mera función decorativa, en la que la grulla y la granada, aluden a la Misericordia y a la Resurrección, dos pilares fundamentales del Hospital de la Misericordia del que posiblemente salió. 

Aunque se piensa que la variedad artística dominante sería la arista, se tiene actualmente conocimiento de la existencia de azulejos plano policromados. Esta técnica, procedente de forma segura de las enseñanzas de Niculoso Pisano en el entorno de Triana, queda inmortalizada en este municipio en el Hospital de la Santa Resurrección de Utrera. Distintos azulejos de clara naturaleza renacentista (candelieri, grutescos…) ocupan hoy día la escalera de entrada a la planta superior del edificio, usados como material de acarreo de un antiguo retablo cerámico que coronaba el altar de la Antigua Enfermería (1550). En ellos se aprecia el uso del pincel para definir los contornos y, establecer un tipo de cerámica, que se acerca de forma decisiva hacia la pintura.

Poca constancia se tiene de los talleres locales, aunque son sugeridos por profesionales de la arqueología como Fernando Amores y Nieves Chisvert. Estos aseguran que muchas de las tinajas y cántaros usados como elementos de suspensión en las cubiertas de las parroquias de Santa María de la Mesa y Santiago el mayor, son un testimonio evidente de su existencia, aunque, posiblemente, con una visión más artesanal y práctica.

Cruz de azulejería, cerámica de arista esmaltada, antiguo Hospital de la Misericordia (Inicios del siglo XVII)

Azulejo plano policromado o pisano y de arista, escalera del Hospital de la Santa Resurrección de Utrera (1569-1570)

El barroco cerámico en Utrera. (Siglos XVII-XVIII)

Será durante el Barroco cuando se alcance una mayor difusión de esta tipología artística en todo el reino de Sevilla, ejemplificados en pueblos como el de Utrera. La cerámica plana irá asentándose como un recurso sustitutivo del óleo sobre lienzo, permitiendo crear auténticos retablos que perdurasen en el tiempo y, que, además, fueran capaces de localizarse tanto en espacios clericales, como en estancias públicas o domésticas. La religiosidad adquirirá de esta forma una consciencia más íntima, siendo constante la presencia de estos elementos devocionales en los numerosos cortijos que rodeaban el corazón poblacional, permitiendo a su vez un contacto directo con las principales advocaciones pese a la distancia. Entre los más significativos se encontrarían aquellos dedicados a la señora de Consolación, conservándose en la actualidad un importante número de ellos. Estos suponen a su vez una fuente documental sobre la imagen, aportando información de la evolución de su iconografía, rituales o principales celebraciones y fiestas. Junto a ella, se extienden otras advocaciones marianas de gran fama, como la Inmaculada Concepción o Ntra. Sra. del Carmen.

Es obligatorio volver a mencionar el Hospital de la Santa Resurrección que, con motivo de la conmemoración de la creación de su “nueva enfermería”, encargaría un lienzo ornamental que recordará dicha efeméride en el transcurrir del tiempo. Como bien reza en su rótulo superior, la pieza sería colocada en el año de 1743, tras la finalización de sus obras y posterior encargo escrito en su archivo documental: ytem, descargo a favor de ceramista de Sevilla de Triana por los azulejos de la entrada de la nueva enfermería. Pese a la ausencia del nombre del artista ejecutor, es en la calidad de sus formas y ornato, donde puede adivinarse el buen hacer trianero de la respectiva centuria. Esta se percibe sobre todo en su escena central, en la que una imagen de la Resurrección, de esencia puramente barroca, se conjuga con el ruego de los enfermos, necesitados del requerido milagro de la sanación del cuerpo, y de forma imperante, del alma. El patronato ya habría dejado constancia de su interés por la producción ceramista, introduciendo en el paradigma local a uno de los principales talleres sevillano, como es el caso de la familia Valladares. En el año de 1645, como bien reza en los libros de cuentas, se contaría con Bartolomé Valladares para la realización de los escudos de la Fundadora en el convento de San Francisco, conocido popularmente como “El Viejo”, hoy totalmente desaparecido. Ello nos puede ayudar a entender la relación que pudo crearse entre estos y los responsables del legado de Doña Catalina de Perea, convirtiéndose como uno de los principales buques insignias de la cerámica utrerana.

«Item se rebaxan del dicho discargo trecientos y seis reales por el valor de los azulejos en que se han gravado los escudos y armas de los señores fundadores y que se han puesto en el convento de señor san francisco de la villa en la capilla mayor y se le pago a Bartolomé Valladores, vecino de Sevilla en Triana…del año de mil sesicientos y quarenta y cinco…»

Pese al incremento en el empleo de este tipo de técnica en la localidad, la cerámica estaría experimentando un periodo de crisis en su principal sede, como lo era Sevilla. Los encargos, adecuándose a la cruda situación que experimenta el reino, van descendiendo tanto en calidad, como en cantidad. Ahora bien, la renovación conceptual y la mira en nuevos estilos, favorecerá a que se convierta en un recurso plástico muy alentador para las más ominosas casas palaciegas. La línea de lo religioso y lo funcional, queda superado por la mera idea de exornar las viviendas, resurgiendo con ello el interés por la alfarería y el barro, centrándose sobre todo en temáticas populares y costumbristas. Escenas de montería, caza, o simplemente de actividades cotidianas populares, emergieron con fuerza en la segunda mitad del siglo XVIII, extendiéndose por patios, escaleras o zaguán de este tipo de casa andaluza. Por ende, la arista dará paso a una imposición del azulejo plano policromado, ejemplificado en numerosas residencias burguesas de todo el término municipal de Utrera. En el casco histórico son varios las colecciones que de ellas aún se conservan, como las de la Casa Riarola, Casa Arias de Saavedra, Casa de Cultura o, de nuevo, en el Hospital de la Santa Resurrección, entre muchas otras. 

Resurrección, azulejería plana policromada, Nueva Enfermería del Hospital de la Santa Resurrección (1743)

Pavimento cerámico, azulejo policromado plano, escalera de la actual Casa de Cultura (siglo XVIII)

El Regionalismo Andaluz como resurgir de la cerámica de Utrera. (Siglos XIX-XX)

En lo esencial, este tipo de costumbre se convertirá en tradición en el ideal burgués, a la vez que fue asimilado por un aspecto más popular de la ciudadanía. Las muestras de azulejos son interminables en aquellas edificaciones levantadas entre finales del barroco y el periodo decimonónico, encontrándose su punto neurálgico en la cerámica de Pickman, producida en la Cartuja de Sevilla, así como en el papel que jugaría José Gestoso y su puesta en valor de este noble arte milenario, colaborando para que el trabajo de ceramistas, pintores y estetas se unificaran, poniendo en valor su concepción artística. Los temas representados seguirán siendo los mismos vistos al final de la pasada centuria, aunque introduciéndose, con el paso de las décadas, un mayor interés por los historicismos y logros pasados. Clave será también en las grandes instancias utreranas, la familia De la Cuadra, y de forma más incisiva, D. Enrique. Su interés por las artes, y la constante renovación y ampliación de su patrimonio adecuándolos a los gustos expuestos en las Exposiciones Universales, traerá consigo el empleo de muchos de estos exorno en sus principales residencias, así como en lugares claves del pueblo.

Ello, unido a la celebración de la Exposición Iberoamericana de 1929, en la que el barro y la cerámica fueron los auténticos protagonistas, volverían a elevar al máximo exponente a todo el gremio. Esta concepción regionalista propició la apertura de numerosas fábricas y talleres cerámicos, que lograrán consolidarse y difundir sus trabajos por toda la provincia. Nombres como los de Mensaque, Montalván o Ramos Rejano, se verán relacionado con sellos de calidad, que inundaban las casas, plazas, pueblos e iglesias de todo el ámbito andaluz, contándose entre ellos la misma Utrera. Ahora, el barro se convierte en lienzo y las posibilidades, al igual que en la pintura, son inimaginables. La arista se entremezcla con el azulejo plano pisano, así como con el alicatado. Decenas de imágenes pasionales, devociones locales, universales, epitafios conmemorativos, o callejeros, se reparten por el entramado de sus calles, creando una nueva piel en la identidad visual de éstas, que se ha mantenido en constante cambio, hasta nuestros días. Un arte vivo que engalana nuestro entorno y que define nuestra personalidad y fuerte arraigo a la tradición.

Recibo de pago a Mensaque Rodríguez, Hospital de la Santa Resurrección de Utrera (1917)

Homenaje al III Centenario del Quijote, azulejo policromado plano, patio del Hospital de la Santa Resurrección (1919)

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La Virgen de Consolación en la cerámica

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